Contaminación y cerebro, cada vez más cerca

Hoy os traigo un estudio que me inquieta bastante. Que la contaminación atmosférica en las ciudades existe y está causando numerosos problemas es un hecho. La contaminación se ha asociado directamente al aumento de enfermedades respiratorias que pueden llegar a ser muy graves, pero poco se conoce sobre los efectos de la contaminación en otros órganos. Este estudio vuelve a aportar luz, y no es el primero, que la contaminación puede afectar a nuestro cerebro, uno de nuestros órganos vitales, y al sistema nervioso.

En el laboratorio de Julia Ljubimova, directora del Centro de Investigación en Nanomedicina en Cedars-Sinai, se midió la contaminación atmosférica de la ciudad de Riverside (en California, a una hora en coche de Los Ángeles) y se simuló en ratas. En concreto, se expuso a ratas a un ambiente contaminado con partículas gruesas (2.5-10µm), finas (<2.5µm) y ultrafinas (<0.15µm) durante tres periodos de tiempo: 2 semanas (exposición corta), 1-3 meses (exposición intermedia) y 1 año (exposición larga). Lo que observaron es que una exposición intermedia-larga fue suficiente para poder detectar acumulación de metales como el níquel, el cobalto y el zinc en los cerebros de las ratas.

Pero Ljubimova y su equipo no solo midieron la acumulación de dichos metales, sino que realizaron análisis de expresión génica usando la técnica de RNAseq. Es decir, midieron los cambios en la expresión de los genes debidos a la exposición de las partículas de tamaño 2.5-10µm en ratas expuestas un período de tiempo intermedio-largo. Los análisis demostraron que la contaminación a la que estaban expuestas las ratas provocaba que aumentara la expresión de genes relacionados con la inflamación y con genes promotores del cáncer, como RAC1.

Estos resultados apoyan investigaciones previas donde ya se relacionó la contaminación con neuroinflamación, tumorigénesis y neurodegeneración. Un ejemplo es el estudio que detectó un aumento de marcadores de inflamación en el cerebro de personas residentes en Ciudad de México, como son la activación de la microglía, el aumento de la interleuquina 1 beta y las lesiones corticales prefrontales, entre otros. O también el que relacionó la contaminación del aire con la enfermedad de Alzheimer (la inflamación juega un papel muy importante en esta enfermedad). Ahora, además, se conoce que el tamaño de partícula, las toxinas presentes en estas y el tiempo de exposición también son cruciales.

Aunque este estudio pueda no extrapolarse a otras ciudades diferentes a Los Ángeles, ya que la composición de la contaminación puede variar de ciudad a ciudad, es otra importante llamada a la acción. Debemos ser muy conscientes de que la contaminación no solo afecta a las vías respiratorias, que es por donde mayormente entran las partículas, sino que estas pueden llegar a otros órganos a través de la sangre y a través del epitelio olfativo de la nariz. Nuestra sociedad está cada vez más urbanizada y expuesta a la contaminación, pero por desgracia parece que necesitamos más estudios demostrando el daño que esto está causando para que se empiece a reducir de manera contundente la contaminación en nuestras ciudades.

Podéis consultar el estudió aquí: Coarse particulate matter (PM2.5–10) in Los Angeles Basin air induces expression of inflammation and cancer biomarkers in rat brains». J.Y. Ljubimova et al. en Scientific Reports. vol. 8, n.o 1, págs. 1-13, 9 de abril de 2018.

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